sábado, 23 de mayo de 2009

De baretos.

Una fiesta, poca luz, mala música en un antro de mala muerte.
Exceso de bebida, falta de cariño, dos miradas que se cruzan y una tímida sonrisa.
Él lleva un traje, ella viene de viaje, no sabía donde ir, entró en el primer bar y ya no quiso salir. Él llevaba una máscara, corbata, y una sonrisa de plata, ella se quedó petrificada, parada, anonadada.
¿Como podía existir algo así? Su pelo, sus ojos... todo brillaba con luz propia. Podría haber estado toda la habitación a oscuras, podrían haberle puesto una venda en los ojos, ella le habría visto igualmente.
Ella fue a la barra, él se acercó, quería hacerse la dura, pero un suave perfume la desarmó. Intercambiaron apenas dos palabras, lo que más influyó fue el cruce de miradas. Él le describió el mundo, ella le escuchó callada, luego le preguntó si iban a su casa.


Así empezó todo.
Quedadas, comidas y escenas de cama apasionadas. Todo era perfecto. A los dos meses se fueron a vivir juntos. 'Muy precipitado' decían algunos 'poco adecuado' susurraban los otros. Poco a poco empezó la rutina, la vida en pareja ya no les divertía.
Ella era una chica viajera, él era un chico de ciudad, así que empezaron las discusiones, disputas, lloros y decepciones.
El chico era un crio.
La chica estaba perdida en su mundo.
Al final tuvieron que explotar. Seis meses les duró el amor, dos de pasión y cuatro de dolor.
Él volvió a su vida de antes, con máscaras y trajes.
Ella volvió a terminar en la calle, como un año antes, colándose en los bares mendigando una sonrisa.



Tonta e imprudente.
Sentía que le habían tomado el pelo.

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