lunes, 25 de mayo de 2009

Curriculum

Joven trabajadora, agradable en el trato y sin formación universitaria por el momento, se ofrece para trabajos remunerados preferiblemente en el entorno de la enseñanza y la comunicación.

Mi experiencia laboral es nula, así que no vale la pena crear un currículum serio o que pueda ser utilizado en un futuro no muy lejano, por lo tanto lo escribiré aquí.

No tengo carnet de conducir, con la informática y la tecnología no me llevo demasiado bien, soy cáncer y chapurreo el inglés y el francés.

Trabajo bastante bien en equipo, aunque me apaño mejor sola.

Los primeros días en algún sitio nuevo para mí suelen creer que padezco un retraso mental, pero me voy creciendo con la rutina y no hace falta que me digan las cosas dos veces.

Los fines de semana suelo ir a la discoteca con mis amigos, tomarme un par de pastillas, fumarme algún que otro porro y liarme con hombres o mujeres.

Padezco un trastorno alimentario severo, por lo tanto debo ir de una a dos veces al mes al centro sanitario para pesarme.

Me gustan los perros, las mariposas, el color verde, las pastillas y los flecos.Cuando el estrés me puede suelo intentar suicidarme, aunque por el momento sólo lo he hecho dos veces, pero no creo que se repita porque he encontrado refugio en en el amor, aunque mi enamorado se haya liado con mi mejor amiga cuando yo me encontraba en Escocia.

Si usted o alguien de su entorno desea contratarme, me comprometo a hacer ameno el trabajo, dar lo mejor de mí y regalar todos los jamones que me envíen por navidad.

Interesados, pueden contactarme en Cass.A@hotmail.com

PD: Por cierto, hoy es mi cumpleaños.

domingo, 24 de mayo de 2009

De princesas cuarentonas.

El mundo solo se divide entre las personas que saben perder, y las que no saben. Yo, triste y desgraciadamente era de la segunda opción.

Había dado todo lo que estuvo en mis manos, me había jugado la vida y lo había perdido todo, por amor. Gasté todo mi dinero, todas mis ganas, mis ilusiones y a cambio había perdido todos mis sueños.
Al principio sabía donde me metía. Sabía que estaba mal lo que estaba haciendo pero solo el morbo que sentía era el mejor de los alicientes.
La primera vez que coincidí con Alex me impresionó, por su porte atlético, sus facciones aristocráticas y sus ojos verdes. Apenas aparentaba los treinta, y yo gastaba un dineral en comprar cremas antiarrugas.

Vine de dejar a los niños en el colegio, y como no tenía nada que hacer, me senté en la barra de la cafetería a leer el periódico mientras me tomaba un café con leche.
Él entró, dejó su abrigo en el perchero y vino con paso sereno pero decidido a mi lado.
Al principio nos miramos, luego empezamos a hablar, a la media hora ya éramos amigos íntimos y dos horas más tarde estaba encima de él en la parte de atrás de su coche.
Cuando llegué a casa aun olía a él. A sus abrazos, sus besos, sus mimos.. todo lo que mi marido no me daba.

El momento en que vi a mi esposo fue cuando más mal me sentí, aunque parece que no duró mucho porque esa misma noche Alex me envió un mensaje y no pude evitar morirme de placer al recordar su boca jugando con partes de mi cuerpo que no sabía que existían.
Las siguientes semanas fueron un no parar, él era un crio, fogoso y ardiente, y yo quería recuperar algo de libertad perdida hace tanto.

Mi marido no se enteraba de cuando hablábamos por teléfono, siempre tenía mucho cuidado de hablar lejos de él, y tampoco le importaba que todas las semanas tuviera que salir de la ciudad por trabajo... A él solo le importaba si su equipo ganaba, y si sus acciones subían o bajaban.

Al final tuvo que pasar.
Era una tarde fria, y la llovizna me había empapado, pero no era por eso por lo que tenía un mal presentimiento.
Cuando llegué a casa mi esposo me esperaba sentado en la mesa de la cocina. Intenté aparentar que no pasaba nada, pero cuando me dijo que me sentara me fijé en el papel que llevaba en la mano y no tuve más remedio que hacerlo.
Era una carta del hotel Puig, de mi ciudad, donde decía que por las veces que me había ospedado allí me regalaban una noche en la suit que reservábamos siempre, la 'love suite'
Todo empezó a darme vueltas, tenía que salir de aquella casa, así que cogí mi chaqueta y me fui corriendo a llamar a Alex.


Llovía a cántaros así que fui a su casa a la que pensándolo bien, nunca me había llevado. Cuando toqué, abrió la puerta una chica de unos treinta años, y cuando pregunté por Alex dijo '¡Cariño, una señora te llama! ¿Es usted su tia?' Por segunda vez ese dia la cabeza empezó a darme vueltas. Le dije amistosamente a su novia que ese no era un buen momento, me giré, y empecé a andar rápidamente deseando que el viento me llevará con él.

Lo había hecho todo mal.
Había destrozado mi vida tan solo porque no quería asumir que era una cuarentona.
Solo quería sentirme deseada, y por ello me quede sin todo lo que deseaba.

sábado, 23 de mayo de 2009

No restraint.

I should gob for everything you said about me.
I should bite you for everything you told me
I should have killed you when I had the chance, but you, dear stranger, did it before.
You spit me words that I thought you said with the heart.
You bit me the soul with your stupid kisses.
And you killed me at the time I started thinking that I was nothing without you
Now I spit in the streets without they tell me anything
I Bite the pillow to shut everything I need to shout
And I kill all my feelings to forget that you let me go.

Stupid dike.

De baretos.

Una fiesta, poca luz, mala música en un antro de mala muerte.
Exceso de bebida, falta de cariño, dos miradas que se cruzan y una tímida sonrisa.
Él lleva un traje, ella viene de viaje, no sabía donde ir, entró en el primer bar y ya no quiso salir. Él llevaba una máscara, corbata, y una sonrisa de plata, ella se quedó petrificada, parada, anonadada.
¿Como podía existir algo así? Su pelo, sus ojos... todo brillaba con luz propia. Podría haber estado toda la habitación a oscuras, podrían haberle puesto una venda en los ojos, ella le habría visto igualmente.
Ella fue a la barra, él se acercó, quería hacerse la dura, pero un suave perfume la desarmó. Intercambiaron apenas dos palabras, lo que más influyó fue el cruce de miradas. Él le describió el mundo, ella le escuchó callada, luego le preguntó si iban a su casa.


Así empezó todo.
Quedadas, comidas y escenas de cama apasionadas. Todo era perfecto. A los dos meses se fueron a vivir juntos. 'Muy precipitado' decían algunos 'poco adecuado' susurraban los otros. Poco a poco empezó la rutina, la vida en pareja ya no les divertía.
Ella era una chica viajera, él era un chico de ciudad, así que empezaron las discusiones, disputas, lloros y decepciones.
El chico era un crio.
La chica estaba perdida en su mundo.
Al final tuvieron que explotar. Seis meses les duró el amor, dos de pasión y cuatro de dolor.
Él volvió a su vida de antes, con máscaras y trajes.
Ella volvió a terminar en la calle, como un año antes, colándose en los bares mendigando una sonrisa.



Tonta e imprudente.
Sentía que le habían tomado el pelo.

martes, 19 de mayo de 2009

Príncipes y autobuses

Tan solo era una asquerosa tarde de aquel asqueroso verano.


Parecía que ese dia a todo el mundo se le habían asado sus complejos, porque la mayoría de hombres iban sin camiseta y las mujeres lucían piernas con el bikini.
Pasé por un bareto de aquel minúsculo pueblo y todo el mundo me miró con cara extraña, seguramente pensando '¿Por qué lleva una mochila? Todos estamos disfrutando de nuestras vacaciones en la playa y ella camina sola, dándole patadas a una lata de cerveza y con los auriculares destrozándole los oidos' Seguramente la mayoría no pensaran nada, así es la vida de la gente de pueblo, se limita a ver a la gente pasar mientras le dan vueltas a la pajita de su coca cola.
Esperé en la parada del autobús como media hora, hasta que por fín apareció en la lejanía. El conductor no debió verme porque casi pasa de largo, solo paró cuando hice un amago de arrojarme a la carretera.
Subí, pagué y fui directamente a la puerta, no me gustaba sentarme en esos asientos, a saber quien o qué habría puesto el culo ahí.
Seguí escuchando música mirando de reojo a toda la gente que había sentada, hasta que el autobús paró en otra parada.
Ni siquiera me di cuenta, creo que tenía los ojos cerrados, pero lo primero que me hizo subir la cabeza de golpe fue ese olor.
Giré el cuello lentamente confiando en que se tratara de un error, no podía ser él, no podía, aquí no, pero sí, era él, y seguía igual que siempre.
Sus brillantes zapatos blancos apenas tocaban el suelo mientras andaba, sus vaqueros no estaban para nada arrugados, era como si se los hubiese planchado mientras esperaba el autobús, encima llevaba un polo de manga corta y una camiseta (seguramente de tirantes) blanca se asomaba por debajo. Me sorprendió el detalle de que llevara una bandolera en vez de su mochila de marca, pero ni eso, ni sus pulseras, ni sus dos collares de madera importaron después de que le mirara a los ojos.
Sentí que el mundo desaparecía bajo mis pies, que la gente se esfumaba y que empezaba a sonar aquella canción de los años 80, nuestra canción.
Estoy segura de que no se dio cuenta de que era yo hasta que estuvo apollado en la barra de al lado, para entonces ya era demasiado tarde, porque me miró con esos grandes ojos verdes y yo deseé que parara ese terremoto que se había formado en mi cabeza. Él me engulló, me arrastró hasta el abismo de sus pupilas envolviendome en aquella melodía que tanto me había costado olvidar. No me atreví a mirar su boca, habría sido demasiado para mi débil corazón en reconstrucción.
Intenté hablar, pero mis lavios parecían haberse puesto en huelga, así que me limité a mirarle de reojo, como a todo el mundo del autobús.
Fueron los 12 minutos y medio más largos de mi vida.
Por fín bajé, antes que él, y cuando el autobús empezó a arrancar de nuevo pude percibir una leve sonrisa que salía de su rostro perfecto, deslumbrante, como la luz del sol.


Había sido un amor tan efímero...
Aunque en realidad no tenía tanta importancia,
tan solo era una asquerosa tarde de aquel asqueroso verano.

lunes, 18 de mayo de 2009

Principes, princesas y otras falacias.

Había una vez un príncipe y una bailarina que estaban siempre juntos y al final se enamoraron.
Todo iba bien, hasta que la madre del príncipe, descubrió la verdadera identidad de la bailarina y le prohibió volver a verla.
Cuando el príncipe se lo contó a la bailarina, sintió que la mitad de su corazón dejaba de funcionar, pero sólo una mitad, la otra estaba muy lejos de allí... y el brillo de sus ojos desapareció, para dejar paso a la más profunda oscuridad.
Sólo se vieron una vez más.
En lo alto de la colina, a la puesta de sol, la bailarina le contó todo lo que pasaba por su mente, todo lo que jamás se había atrevido a decirle.
'Sabes que siempre estaré contigo, pase lo que pase y aunque todos se nos pongan en contra, siempre que cierres los ojos y lo desees con fuerza podrás verlo, podrás ver lo que siento por ti, esa llama jamás se apagará. Porque yo estaba sumida en el caos, en lo hondo de un pozo hasta que llegaste tú y con tu amor me llenaste, me hiciste feliz de verdad, me diste un motivo para despertarme y seguir luchando cada día. Y ahora te vas, por supuesto que no es un adiós para siempree, aunque ya no estemos unidos mi alma y la tuya están ligadas, seguiremos adelante, somos fuertes, tenemos... debemos estar juntos, porque tú me hiciste creer en mi misma, cuando nadie más podía hacerlo'
Dicho esto se despidieron, pero ella sabía que jamás se rendiría, que en algunos años le encontraría y serían felices en el mundo que ellos mismos habían creado. 'No me dejes nunca' le susurró una vez al oido 'No me dejes nunca mi ángel'

18.0509

- Dejo el bufete con las dos semanas de anterioridad.
Y ahora apártate antes de que te tire al suelo y te mee en la cara.